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Cómo gestiona el Gobierno los fondos públicos

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El gasto público es uno de los pilares del funcionamiento del Estado, y su correcta administración influye directamente en el desarrollo económico y social de un país. En el caso de República Dominicana, las cifras revelan que el gobierno ha destinado una parte considerable del presupuesto nacional al pago de deuda pública, remuneraciones, programas sociales y subsidios, mientras que las inversiones de capital muestran menor dinamismo.

Durante el año 2024, el gasto del Gobierno Central superó los RD$1.3 billones, con una distribución que evidencia las prioridades estructurales del Estado. El 24.7 % de ese total se destinó a obligaciones financieras, lo que convierte el pago de deuda en el principal rubro del presupuesto. De este porcentaje, una parte significativa corresponde al servicio de la deuda interna y externa, que ha crecido en los últimos años producto del financiamiento de déficits fiscales acumulados.

El siguiente gasto más significativo corresponde a los sueldos y salarios de los empleados del sector público, con un 21.4 % del total del presupuesto. Esta categoría abarca a funcionarios en sectores esenciales como educación, salud, seguridad y administración general del Estado. Aunque estos ámbitos son cruciales, expertos han señalado la necesidad de revisar la eficacia de la plantilla estatal y disminuir el gasto en organismos con roles repetidos.

Las transferencias actuales, que comprenden subsidios y ayudas directas, representaron el 15.3 % del gasto. Dentro de este grupo resaltan los fondos para el subsidio eléctrico, que llegaron a RD$54,303 millones, y los asignados al transporte, combustible y alimentos. Asimismo, el gobierno asignó RD$10,000 millones a programas sociales como Supérate y el Bono Madres, con el objetivo de paliar los efectos de la inflación y mejorar las condiciones de los sectores más vulnerables.

En cuanto a la inversión pública, el gasto en obras de infraestructura representó un 10.3 % del total presupuestado. Este porcentaje refleja una política moderada en cuanto a inversión de capital, en comparación con los recursos destinados a gasto corriente. No obstante, algunas de las obras más relevantes se concentraron en el sector salud, educación y transporte, con proyectos de hospitales, escuelas y vías de acceso.

En contraposición, el Ministerio de Educación obtuvo el 17.1 % del presupuesto, cumpliendo con el objetivo nacional de asignar el 4 % del PIB a esta área. No obstante, los reportes sobre el uso del presupuesto revelan que una parte significativa de estos fondos se utiliza para costos administrativos, lo que reduce el espacio disponible para inversiones en la capacitación de maestros, infraestructura escolar o tecnología.

La sanidad pública representó el 9.8% del gasto global, demostrando los intentos gubernamentales por sostener y mejorar la disponibilidad de servicios dentro del sistema público. Sin embargo, continúan los retos asociados con el suministro de medicinas, la provisión de personal y la actualización de instalaciones hospitalarias.

En el área de seguridad y orden público, se ejecutó un 5.2 % del gasto, con recursos orientados a la Policía Nacional, el sistema penitenciario y el Ministerio de Defensa. También se observaron partidas significativas dirigidas al fortalecimiento del sistema judicial, la Procuraduría General de la República y programas de prevención del delito.

Los gastos de funcionamiento de los poderes públicos —Ejecutivo, Legislativo y Judicial—, así como de entidades autónomas, completan el panorama del uso de los recursos fiscales. A pesar del enfoque en cubrir las necesidades sociales, el déficit fiscal sigue siendo una preocupación. Para el año 2024, este se situó en torno al 3.1 % del PIB, lo que obligó al Estado a recurrir a financiamiento adicional.

El análisis del gasto público revela un patrón donde el pago de deuda y los compromisos recurrentes limitan el margen para aumentar la inversión en sectores productivos. La sostenibilidad fiscal y la eficiencia del gasto continúan siendo retos fundamentales para garantizar un crecimiento económico inclusivo y equilibrado.

Mientras el país se encamina hacia un nuevo ciclo presupuestario, diversos sectores instan a una mayor transparencia en la ejecución de los fondos públicos, así como a la implementación de reformas estructurales que permitan mejorar la calidad del gasto y su impacto en el bienestar ciudadano.

Por Otilia Adame Luevano

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